Mitos de Semana Santa

Mitos de Semana Santa

En esta semana de meditación les traemos los mitos mas comunes para estas fechas…
Comenzaremos por los mas clásicos como no subir a un árbol porque se corre el riesgo de convertirse en mono.
No se pueden utilizar clavos porque Jesús fue crucificado de pies y manos con ellos.
Tampoco bañarse porque se puede transformar en pez.
Los bebés que nazcan el Viernes Santo pueden traer el anticristo.

No cortar un tallo de papaya la mañana de Viernes Santo, sin haber hablado antes con alguien, pues del tallo comenzaría a gotear sangre.

No hay que tener relaciones sexuales pues la pareja puede quedar unida físicamente, sin posibilidades de separarse.

Si se corta el cabello ese día, crecerá bello el resto del año.
Vestirse de negro, caminar despacio y no gritar para no faltarle el respeto a Dios.
Si algún hijo le levanta la mano a sus padres en un intento de agresión, se le puede caer el brazo o convertirse en mula.
El Viernes Santo a las tres de la tarde (hora en que murió Cristo) no salir, ni siquiera asomarse a la calle.
No se debe cazar porque el daño se te puede ‘devolver’. No cortar nada, porque se estaría cortando el cuerpo de Cristo.
Si un hijo le saca la lengua a sus padres, la lengua se le puede convertir en lengua de serpiente.
Por último, sólo se puede escuchar música sacra y no se puede bailar, decir groserías, coser, planchar, ni tomar alcohol.
No vestirse de rojo porque sería identificarse con el diablo

Las creencias mencionadas forman parte de una larga lista relacionada con Semana Santa, que en un pasado no muy lejano llegaban a provocar temores en la gente.

No acatar estas creencias significaba no respetar a Jesús, por no haber guardado duelo por su muerte, al derivar la mente a cosas ajenas a su sufrimiento, lo cual merecía castigo divino. Ahora, prácticamente sólo los abuelos se acuerdan de estos mitos.

El carrao

El carrao

El  “Carrao” era un hombre que no conocía el miedo y sentía placer desafiando el peligro; amigo de las noches oscuras y extraordinario jinete, ningún caballo había logrado quitárselo de los lomos por muy bravo que fuera, como nunca un toro bravo había logrado tocarlo con sus cuernos. El Carrao era feliz andando en plenas tormentas nocturnas, no le importaba que su caballo fuera salvaje era tanta la confianza que se tenía que sabía que nunca se caería de un caballo, pues sus piernas habían nacido para domar caballos fieros.

Su inseparable compañero y amigo era su polo opuesto, un hombre aplomado, juicioso y talentoso en todos sus aspectos.
Una tarde, cuando el sol palidecía y la noche comenzaba a imponer su color sobre la llanura, se advertía en el horizonte cercano una horrible tempestad que hacía pensar que la noche iba a ser tormentosa, se fue al mangón y amarró el caballo que estaba trochando, lo trajo al corral, lo ensilló y le pegó la margalla, cagalerióla soga y montándose en el brioso caballo se despidió de Mayalito. Abrió la puerta de trancas del corral y en medio de candelosos rayos se fue alejando en la oscuridad de la sabana, esta vez… para nunca regresar.

Al ver que su amigo y compañero no regresó, se dio la tarea de buscarlo en todas las noches oscuras por los distintos rumbos de las comunales sabanas, especialmente por las partes que sabía que al  Carrao  le gustaba frecuentar.

Fueron muchas las noches que se buscoa al Carrao  escuchando solo la respuesta producida por el eco de su voz. Una noche, mientras acortaba una travesía en medio de una tormenta de rayos, a la luz de un relámpago vió que algo brillo a los pies de su caballo, se acerco e inspeccionó el objeto, se sorprendió cuando lo identificó pues se trataba de las zapatas del freno metálico del apero de “Carrao”, las alzó y las llevó consigo.

Desde entonces puso énfasis en la búsqueda de su compañero, pensó que algo le había ocurrido y que no estaría muy lejos de allí; continuó su tarea noche tras noche, hasta que tampoco regresó nunca más al hogar, se lo tragó la sabana junto con Carrao. Su compañero se convirtió en un ave que vuela en las noches oscuras produciendo un canto: Carraoooo, carraooo.

A esta ave se le conoce en el llano con el nombre de Carrao…